Antes de noviembre de 2019, nadie tenía defensas contra covid-19. Y salvo los -comparativamente- pocos que se curaron, todos somos susceptibles. Que la enfermedad sea más o menos grave parece depender de la edad, o de la presencia de otras enfermedades simultáneas. Pero, ¿que hace qué personas jóvenes y sin comorbilidades hagan una versión severa de covid-19 y otras -no tan jóvenes e incluso a veces con alguna patología- la sufran poco, o incluso sean asintomáticos?
“Un cuerpo sano es más capaz de resistir infecciones, y por eso se insiste en alimentación equilibrada, descanso y, especialmente en estos días difíciles, cuidado de lo anímico: estrés y/o depresión psíquica pueden deprimir el sistema inmune -explicó a LA GACETA Juan Carlos Valdez, profesor de Inmunología de las Facultades de Medicina y Bioquímica de la UNT-. Pero más allá de la dieta saludable, recomendada para toda la vida, hoy por hoy no hay algo que podamos tomar o comer para elevar las defensas”.
“En cambio -agregó-, se sabe que la relación entre la genética y la respuesta inmune es estrecha. Todos los procesos que permiten su desarrollo están regulados por expresiones genéticas; aunque, por supuesto, factores como los que nombramos puedan modular esa expresión”.
La respuesta inmune
Nuestro cuerpo está preparado para proteger el organismo de sustancias potencialmente nocivas: tiene la capacidad de reconocer y responder a antígenos, sustancias (por lo general proteínas) que el cuerpo reconoce como “no propias” y que se encuentran en la superficie de células, virus, hongos o bacterias, y en sustancias como toxinas, químicos, drogas y partículas extrañas (una espina, por ejemplo). El sistema inmunitario reconoce y destruye lo que venga con antígenos.
“Todos nacemos con inmunidad innata, o inespecífica; un sistema de defensa que protege contra todos los antígenos. Actúan células y moléculas (interferón tipo I, células fagocíticas, linfocitos asesinos naturales) que reconocen patrones amplios de constituyentes de microorganismos, y se inducen o se activan rápidamente -explicó Valdez-. Actúan en estado antivírico, pero si el virus supera esta barrera, para erradicar la infección se precisa una respuesta mas sofisticada, hecha a medida del microorganismo; y eso lleva tiempo”.
Fase dos
“En este nivel, conocido como respuesta especifica o adaptativa, se forman anticuerpos y células que reconocerán cada parte de los constituyentes del microorganismo.
Para ello son necesarias, en primer lugar, las células presentadoras de antígeno. Lo que hacen es tomar el microorganismo en el lugar de entrada, cortarlo en sus constituyentes y unir cada porción a una molécula del complejo mayor de histocompatibilidad (que todos heredamos, mitad del padre y mitad de la madre). La célula expone esa molécula en su superficie y migra hacia los ganglios linfáticos, donde se encontrará con millones de linfocitos B y T”.
Los linfocitos son un tipo de glóbulo blanco, y como tales, se originan a partir de una célula madre en la médula ósea. Pero los migran al timo para madurar (de ahí su nombre).
“Ambos tienen en la superficie receptores de antígenos, que se formaron mientras por un reordenamiento genético al azar -añadió Valdez-. Cada uno de los millones de linfocitos tiene un receptor diferente. Algún receptor encajará en la molécula de histocompatibilidad que lleva el pedacito del microorganismo pegada a la célula presentadora de antígeno (que le permite al cuerpo reconocer a la vez los propio y lo extraño)”.
Los linfocitos cuyo receptor encaja en el antígeno se multiplican, entonces, rápidamente y arman un ejército de linfocitos de dos tipos: los que formarán anticuerpos, que son los B, y los que reconocerán células infectadas y las destruirán: se los conoce linfocitos T citotóxicos.
Existen además otros linfocitos T, llamados cooperadores, que se encargan de iniciar la cascada de la respuesta inmune; algunos inducen la activación de los macrófagos (otro tipo de glóbulo blanco), capaces de ingerir y destruir bacterias, células dañadas y glóbulos rojos gastados. Otros colaboran en la activación de los linfocitos B.
Solución de la especie
“La respuesta inmune será diferente en cada individuo pues tenemos diferente constitución genética: diferentes antígenos de histocompatibilidad y diferentes receptores para reconocer el virus”, resaltó Valdez.
Y eso cumple una función: permite una variedad de respuestas; algunos individuos son más resistentes a un microorganismo, y otros, a uno diferente. “Así, siempre alguien sobrevive a los diferentes microorganismos y se puede perpetuar la especie. En el 80% de los humanos SARS-Cov-2 induce una respuesta que lo elimina sin mayores consecuencias. ¿Cuán diferente será la de los jóvenes o niños sin comorbilidades que se enferman, de la de los que no lo hacen? ¿O la de mayores de 65 años que no se enferman, de la respuesta de los que sí? No se sabe, como muchos de los interrogantes que planteó la pandemia”.
Lo real es que todos somos susceptibles, no importa la edad, al SARS-Cov-2. “Se están estudiando potenciales efectos de la vitamina D e incluso de la vacuna BCG - resalta Valdez-. Sin embargo, no hay elementos específicos (mientras esperamos la vacuna), que puedan prevenir la infección con coronavirus”.